FAIM Magazine
19-03-2018 people

Naiara Reig

La noche de cada 19 de marzo, València arde. El fuego pone fin a las Fallas, una fiesta que desde 2016 es Patrimonio de la Humanidad, y decenas de monumentos de varios metros de altura se convierten en cenizas. Aunque este año trabajan por separado, los artistas Anna Ruiz y Giovanni Nardin crearon juntos el monumento infantil de la Plaza del Ayuntamiento en las primeras #FallasUnesco. Hablamos con ellos sobre la fiesta y el papel del arte en València.

Ambos venís de estudios de Bellas Artes. ¿Son las fallas un medio de expresión artística?
Anna: Para nosotros, sí lo son. A mí siempre me han gustado las Fallas como fiesta, pero no encontraba nada que me interesara como espectadora. Fue entonces cuando decidí crear lo que a mí me gustaría encontrar y hacerlo en un lenguaje más actual. Además, como artistas, las fallas suponen un reto: aparte de permitirnos trabajar en el espacio público y comunicar con la gente en la calle, lo hacemos con unas dimensiones que no encontraríamos fuera de este contexto. Desde ese punto de vista, trabajar en las Fallas es una suerte.

Cuando plantasteis juntos la Falla Infantil en la Plaza del Ayuntamiento de València, hablabais de romper con el continuismo. ¿Cómo son hoy las Fallas?
Anna: Yo tengo un punto de vista un tanto crítico, porque las veo bastante estancadas. Se retroalimentan y no hay aportaciones nuevas, así que el espectador no se lleva nada más que el simple espectáculo. Y nosotros creemos que las Fallas pueden ser mucho más ricas porque, al fin y al cabo, ocupan un espacio público que ha sido cedido por toda la ciudadanía.
Giovanni: Creo que las Fallas han perdido su aporte estético y crítico, que era finalmente la esencia de la fiesta. Así que para nosotros era fundamental abrir las puertas a nuevos caminos. Porque, si la del Ayuntamiento es la plaza de todos los valencianos, también tiene que ser la plaza que represente todas las posibilidades, todos los lenguajes, todas las estéticas posibles.

¿Y cuál es vuestra apuesta para que esto cambie?
Anna: En realidad, lo que nosotros perseguimos es motivar a otras personas para que entiendan las Fallas de otra manera. En la calle, presentas una obra a mucha gente, estás acercándosela. Y cuando uno es partícipe de una obra es más fácil llegar a entenderla.
Giovanni: Esto es especialmente importante en un entorno en el que, hasta hace muy poco, las instituciones que debían cuidar y fomentar el arte resultaban bastante nefastas. Por eso es interesante salir de los lugares predefinidos para encontrar el arte, como los museos, y encontrarse con la gente en la calle.

¿Cuál es, entonces, el papel del arte en València?
Anna: El panorama está cambiando y yo creo que todo empezó con los pequeños festivales de arte que se organizan desde hace años. Surgieron porque el colectivo artístico en todos sus ámbitos estaba cansado de que la ciudad estuviera muerta a nivel cultural. También los museos están haciendo ahora un esfuerzo y, a pesar de contar con poco presupuesto, están intentando volver a estar activos.
Giovanni: Después de un período en el que habían sido totalmente anulados, los museos y galerías están realizando actividades muy interesantes. Ahora están en mitad de un proceso de reconstrucción para intentar que el arte cale en la sociedad.

¿Y cómo se consigue algo así?
Giovanni: Vivimos en una sociedad que no educa para valorar el arte, aunque sepamos que aporta un cambio muy valioso en la vida cotidiana. Te para, aunque sólo sea un momento, y te cambia el chip.
Anna: Cada vez existen menos herramientas para poder interpretar aquello que estamos viendo y, por eso, la distancia que existe entre el arte y la gente es cada vez mayor. Y es una lástima, porque el arte forma parte de la vida de todos. Necesitamos estos estímulos para tomar riesgos en todos los ámbitos, también en la ciencia, por ejemplo. Porque al final, eso es lo que nos hace evolucionar.